Lo que comenzó como un simple juego para atrapar criaturas en la calle terminó convirtiéndose en algo mucho más grande. A casi una década de su lanzamiento, se reveló que Pokémon GO no solo entretuvo a millones, sino que también sirvió para construir una poderosa herramienta tecnológica.
La empresa Niantic aprovechó los datos generados por los jugadores —como imágenes, ubicaciones y escaneos de espacios reales— para desarrollar un mapa digital altamente detallado del mundo. Esta información, recopilada a lo largo de años, alimentó un sistema de inteligencia artificial capaz de ubicar con gran precisión cualquier punto en ciudades y espacios urbanos.
El objetivo de este mapa no es solo mejorar la experiencia del juego. Actualmente, esta tecnología ya se utiliza en robots de reparto, como los de Coco Robotics, que requieren una navegación mucho más exacta que la que ofrece el GPS tradicional, especialmente en zonas con edificios altos o señal limitada.
Para lograrlo, se han utilizado más de 30 mil millones de imágenes captadas por usuarios en distintas partes del mundo, lo que permitió crear una especie de “mapa inteligente” pensado para que máquinas puedan entender y moverse en el entorno real.
Aunque la compañía asegura que estos datos se recopilan con consentimiento, el caso ha reavivado el debate sobre el uso de la información generada por los usuarios y cómo actividades cotidianas —como jugar en el celular— pueden terminar impulsando desarrollos tecnológicos inesperados.


