¿Un nazi en potencia o un «Ser Supremo» incomprendido? El perfil psicológico de Julio César Jasso, mejor conocido como el ‘Asesino de la Pirámide’, es mucho más oscuro de lo que las autoridades revelaron inicialmente. Excompañeros de su etapa escolar en Acapulco han roto el silencio, y lo que cuentan parece sacado de una película de terror psicológico.
De la soledad al delirio de grandeza
Antes de la tragedia en Teotihuacán, Jasso era el «chico raro» de la preparatoria Simón Bolívar. Sus amigos lo recuerdan como alguien aislado que repetía constantemente que “la vida era injusta”. Sin embargo, tras abandonar la escuela, la timidez se convirtió en acoso. Creaba cuentas falsas en Facebook para hostigar a sus excompañeros con videos de odio y mensajes de desprestigio.
El culto a Columbine y el sueño de la masacre
Lo más perturbador no era su aislamiento, sino sus referentes. Julio César no admiraba a deportistas o artistas; sus “dioses” eran los perpetradores de la masacre de Columbine. Su sueño no era viajar a Europa, sino visitar la calle donde vivieron los asesinos estadounidenses. Se autodenominaba un “Ser Supremo”, escribía fingiendo un acento español y operaba una extraña página web con sede en Rusia vinculada a la masonería.
Ataques con tijeras y misoginia pura
El odio de Jasso no era solo retórico. Una excompañera reveló que el hoy asesino intentó apuñalarla con unas tijeras simplemente porque había reprobado una materia. Según los testimonios, su ideología era una mezcla tóxica de nazismo, misoginia y xenofobia: juraba que su misión era asesinar extranjeros y destruir a Acapulco, a la que llamaba «la ciudad del pecado».
La pregunta que queda en el aire es: con tantas señales de alerta, ¿cómo es que nadie pudo detenerlo antes?


