Canadá intentó ponerse a la altura del torneo más grande de la historia, pero terminó haciendo el ridículo frente a millones de espectadores. Este viernes, la pomposa e idílica segunda inauguración en el Toronto Stadium demostró que el Mundial 2026 fracasa estrepitosamente en su intento por conmover al planeta cuando de tecnología y pasión se trata. Entre fallas técnicas imperdonables, gradas semivacías y un ambiente más frío que el Ártico, Toronto se quedó a años luz de la fiesta que armó México un día antes.
El fiasco fue total y las redes sociales no tuvieron piedad. Mientras que en el Estadio Ciudad de México todo fue una explosión de color, música y un estadio a reventar, los canadienses sufrieron el peor de los bochornos en vivo. El momento cumbre de la noche terminó en desastre: una réplica gigante de la Copa del Mundo, que se suponía iba a ser el gran atractivo visual del show, simplemente no pudo desplegarse y se quedó a medias ante la mirada incómoda de los asistentes.
Por si el fallo técnico fuera poco, el ambiente no ayudó en nada. Un estadio que no lució lleno y una afición completamente apática dejaron claro que a los locales les falta el «calor» mundialista. Ni siquiera un ejército de estrellas que incluía a Alanis Morissette, Michael Bublé, Alessia Cara y la sensación internacional Elyanna logró encender los ánimos de un público que parecía estar en un concierto de teatro y no en la máxima fiesta del fútbol.
Al final, la jugada de la FIFA de fragmentar las aperturas por países está saliendo cara. Canadá apostó por osos polares, ballenas y un discurso de diversidad cultural que se ahogó en el aburrimiento. Ahora, toda la presión cae sobre los hombros de Estados Unidos, que cerrará la trilogía de inauguraciones en Los Ángeles. ¿Lograrán salvar el honor de Norteamérica o nos espera otro bostezo monumental?


